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La oscuridad no es tan sencilla

¡Advertencia!: Spoilers más adelante.

Dark hace honor a su nombre es una serie oscura. Oscura porque todos los caminos conducen a una cueva siniestra en el bosque cercano a la población de Winden. Oscura porque así es la trama llena de personajes oscuros, siniestros, inocentes y aberrantes. Oscura porque su creador ha decidido que las historias no pueden ser sencillas y complacer la pereza mental del espectador.

Como sucedió con la primera temporada las acciones de la segunda temporada suceden a un año en el futuro de su estreno. El Apocalipsis habrá de suceder el 27 de junio de 2020. Un año ha pasado en todas las épocas a las que nos llevó la primera temporada, en 1954 Ulrich sigue encarcelado, en 1987 Mikkel vive ya en casa de la enfermera Ines Kanhwald y en 2019 Winden trata de explicarse las desapariciones de los niños, incluido Mikkel y de Ulrich. La serie empieza en 1921 con la construcción del túnel bajo las instrucciones a distancia del misterioso Adán.

Todas las expectativas que generó el final de la primera temporada fueron modificadas por una temporada en la que Winden no sólo es el centro de una historia llena de paradojas contundentes, reales, brutales y viajes en el tiempo que crean relaciones y nexos entre los ciudadanos que resultan aberrantes una vez que son descubiertos, Consecuencia, como muestra la agarradera en la puerta del piso; una serpiente mordiéndose la cola, el famoso uróboros, símbolo del eterno retorno, de lo que está pasando en Winden ¿o no? Porque Adán ha decido crear un apocalipsis, además de ser el terrible y trágico brazo ejecutor que termine para siempre con este ciclo que parece imposible de romper, por más viajes al pasado y futuro que hagan, Jonas, Noah y Claudia hagan, ahora nos enteramos que también Marta, Franziska, Magnus, Hannah, Elisabeth, Bartosz y Katharina viajan al pasado como parte de este destino que por más que se disfrace de libre albedrio está condicionado a repetirse. Nada más fatalista que el repetirse por la eternidad tomando las mismas decisiones esperando que algo cambie y esto no suceda. Aunque al terminar con el eterno retorno Adán tenga ser el origen del dolor más lacerante y duradero en su vida.

Cuando Jonas Kahnwald trata de evitar el suicidio de su padre, los eventos y los personajes juegan de manera tal, que el único remedio se convierte en el suicidio de Michael. Claudia al enterarse de la misteriosa muerte de su padre el policía retirado Egon Tiedemann, sólo logra que el destino se cumpla a la perfección. Así la muerte de Marta es inevitable. El tiempo anula a Dios de acuerdo con Adán, porque hasta él es su prisionero. ¿Cómo romper entonces con esa tiranía que se repite de manera inexorable?

Los sacrificios que han de hacer los personajes de la serie para cambiar el ciclo no parecen lograr el objetivo, todo parece estar en el mismo lugar al final de esta segunda entrega, de pronto parece que una puerta se entre abre para que el loop del tiempo se transforme, no en lo anhelado y prometido por Adán, lo que vislumbramos es un nudo tridimensional con más vericuetos que el final de paz que Adán insiste ansiar, algo que otros personajes como Claudia dudan. Y tal vez estén en lo cierto y en el fondo el plan del viejo es mucho más perverso, perturbador y aberrante. Ya lo sabremos en la tercera temporada.

La trama se vuelve aun más compleja, y por otro lado los guionistas y el creador se divierten con los espectadores luciendo con ciertos aires de arrogancia de mago que se embelesa mostrando nuevos trucos; más barrocos, pero sin mayor trasfondo que los originales. El creador, Baran bo Odar y sus guionistas han decido crear, una trama lineal dividida en niveles, en planos temporales no siempre justificados. La sorpresa de la primera temporada ha dado paso a la incredulidad de la gran cantidad de giros de tuerca, que parecen no llevar a ningún lado.

Los personajes se han vuelto más solitarios y oscuros, ahora Noah parece el optimista, mientras Jonas es cada vez más pesimista y maquiavélico, a pesar de intentar salvar ese mundo de las relaciones endogámicas entre los habitantes de Winden que se repiten al menos en el pueblo ad nauseum y ad infinitum.

Hay cabos sueltos que vienen de la primera temporada que permanecen sueltos sin que al parecer a la producción no le importe explicarlos. La segunda temporada abre nuevas líneas argumentales para la tercera.

La primera temporada nos enseñó que la pregunta no era ¿Dondé? Si no ¿Cuándo? Al final de la segunda aprendemos que la premisa ha cambiado la pregunta ya no es ¿Cuándo? Ahora es: ¿De qué mundo? Y entonces el uroboros se transforma del “Sic mundus creatus est”(Así es creado el mundo) a un “Sic mundi creata sunt” (Así fueron creados los mundos). Si la primera temporada era una forma muy inteligente y una visión compleja, una historia razonada y fundamentada de ciencia ficción, la versión adulta de Stranger Things, esta segunda temporada parece el preludio pre apocalíptico que dará vida a una versión oscura, fatalista y desesperanzadora de la brillante serie de J.J. Abrams; Fringe.

A diferencia de todas las series creo que las temporadas de Dark son árboles que nos impiden apreciar el bosque entero y que eso sólo sucederá cuando la serie llegue a su temporada final.

Netflix anunció una tercera temporada final para el año que entra, tal vez al final la temporada final no lo sea. O eso espero porque pocas veces una serie me deja ese sabor agridulce que me obliga a comprobar una vez terminada la serie, si lo que acabo de ver es cierto y porque no hicieron una temporada con otros diez capítulos. Dark es una de las más inquietantes y complejas series que se hayan producido, lo que plantea y como lo hace le confiere el poder de ser lo más inquisitivo y confrontador que tenemos hoy y estamos a una temporada de poder ver si la congruencia y el poder de la trama con todos sus intrincadas relaciones y caminos nos llevan a buen puerto, entonces podremos decir que Dark es una de las enormes series que han producido en la historia.

 

Armando Enríquez Vázquez

Productor de televisión, escritor desde hace más de veinticinco años, columnista en diferentes publicaciones virtuales e impresas. Oriundo y transeúnte de una de las ciudades más pobladas del mundo de la que estoy orgulloso. Mis encuentros y desencuentros con la publicidad se han hecho muchas veces desde el terreno del receptor del mensaje y no del emisor. Me ocupan entre otras cosas el futuro de los medios, el abuso de la palabra creatividad y el desarrollo de contenidos atractivos en diferentes medios.
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