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Ragnarok contra los superhéroes de cartón

La fascinación por los relatos de héroes y superhéroes es una de las características más antiguas entre los seres humanos, no existe una cultura alrededor del mundo que no tenga a sus héroes y seres con superpoderes. Personajes que ayudan a explicar muchos fenómenos naturales, pero ante todo a darle un orden y un sentido a la realidad, nos han ayudado a crear catálogos éticos y códigos de comportamiento que ayudan a desarrollar el comportamiento y la cosmología de pueblos y naciones. A veces a esos seres poderosos y supernaturales los hemos llamado dioses.

La actual obsesión por hacer esos modelos de comportamiento a grupos de maniqueos personajes, algunos de ellos como salidos de manera directa del Manual de Carreño y de la maniquea, melodramática y pervertida manera de ver al mundo de los norteamericanos. Muchas veces los personajes de Marvel y DC que se ha convertido en una industria muy lucrativa para los grandes estudios, son sólo propaganda del American way of life. Por otra parte, los héroes de los universos de las empresas de historietas independientes, son muchas veces la metáfora del mundo corporativo vs el ciudadano común.

La nueva producción de Netflix Ragnarok, el fin del mundo en la mitología nórdica, combina ambas miradas. El nacimiento de Thor en el mundo corporativo de los villanos de la cosmología vikinga. Ragnarok es una historia de iniciación y concientización que ya hemos visto muchas veces. El héroe, en este caso el dios, que comienza a darse cuenta de quién es y cuál es su destino a pesar de que el personaje intente en principio rehusarse a cumplirlo.

La producción es noruega lo que en muchos sentidos supondría que la aleja de los clichés melodramáticos de las series norteamericanas, pero esto no sucede. Lo que se agradece es la falta de esa forma de autocensura llamada políticamente correcto. Es el sacrificio y la muerte lo que obliga a los personajes a evolucionar y caminar creciendo en la trama.

Thurid (Henriette Steenstrup) y sus hijos Magne (David Stakson) y Laurits (Jonas Strand Gravli) regresan a Edda, el pueblo natal de Thurid, en un fiordo noruego. A su llegada al pueblo, Magne ejecuta un acto de bondad y es marcado en ese momento por una mujer mayor, desde ese momento el joven, que tiene problemas lento aprendizaje, sufre de mala visión, comienza a percibir diferentes cambios en sus problemas de salud. Poco tiempo después no necesita más los lentes. Sus problemas personales y su falta de habilidades para relacionarse con sus semejantes lo llevan a hacer amistad con la otra marginada del salón; Isolde (Ylva BjorKaas Thedin), una joven comprometida con el medio ambiente, youtuber y que culpa a los magnates de la ciudad del deteriorio del medio ambiente de Edda. Los Jotul, dueños de una planta de electricidad en la ciudad; quienes además son personas distinguidas en la sociedad. El padre, Vidar, es la persona más destacada de la comunidad y uno de los empresarios importantes de Noruega. la madre, Ran, es la directora de la escuela preparatoria y los dos hijos son los líderes de los jóvenes, al más puro estilo de los populares en las preparatorias de las películas norteamericanas, son los encargados de llevar una campaña en contra de Isolde ridiculizándola y minimizando sus acusaciones y teorías. El descubrimiento por parte de Isolde de un túnel en el glaciar cercano será el motivo de la muerte de la adolescente y del viaje de Magne de aceptación y descubrimiento de su verdadera persona.

La familia Jotul tiene un secreto está formada por un grupo de gigantes inmortales. Llegado el momento Vidar (Gísli Örn Gardarsson) junto con su hija Saxa (Theresa Frostad Eggesbo) son partidarios de acabar con Magne de manera inmediata tras confirmar que no es un ser humano. Mientras Fjord (Herman Tommeraas) y su madre Ran (Synnove Macody Lund) tiene una visión más discreta y mediadora en la forma de acabar con Magne y la familia.

Llena como comenté ya de lugares comunes la serie fue creada por el escritor y productor danés Adam Price, quien también es creador de la extraordinaria serie política Borgen, así como la compleja y terrible Algo en que creer que habla de la iglesia tradicional danesa y la culpa. Ragnarok es una serie que en sus seis capítulos puede ser vista como un prólogo a una serie importante sobre la mitología nórdica en el corazón de la sociedad contemporánea. Netflix ya anunció la renovación de la serie para una segunda temporada. A diferencia de sus dos series anteriores, los personajes de Ragnarok son fríos y la única presencia cálida y llena de esperanza, la de Isolde desaparece de manera brutal al inicio de la serie. Su presencia tácita a lo largo de los seis episodios es en muchos sentidos el motor de Magne y de la acción de la serie.

Ragnarok es un melodrama de fantasía; cruel y realista. Los adolescentes de la serie son eso: adolescentes. Crueles, estrenando y explorando su sexualidad. Con egos crecidos o menospreciándose a sí mismos, desafiando cuando es posible a la autoridad y tratando de demostrar su superioridad. Los jóvenes de Ragnarok son humanos en la medida de los posible. Dirigido sobre todo a las audiencias jóvenes ávidas de nuevas aventuras heroicas, desconocedoras de la mitología nórdica, la dualidad de Magne y Thor el Dios del trueno puede crear empatía con los aficionados a las triviales aventuras de Marvel, pero lo que es indudables es que crea esta empatía con aquellos que gustan de las historias de adolescentes marginales, perdedores, sin éxito. A los que están cansados de la misma historia, pero no tanto.

Ragnarok, no es la primera serie de este estilo, entre los más claros ejemplos están Umbrella Academy o Titans ambas de Netflix. O Doom Patrol de DC, entre las más llamativas. Pero es la más reciente y carece de la fuerza de la primera de las mencionadas. ¿Puede Ragnarok crecer en la segunda temporada? Sin duda, al menos es lo que espero.

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