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Cuando volvamos, seremos distintos (?)

Estamos viviendo algo tan fuerte, que no deja saludar de abrazo a la propia madre.
No permite compartir un vino con el padre, tampoco conversar frente a frente y durante horas con ese amigo que tanto se extraña.

Los despidos masivos son una realidad, las marcas comunican con freno, las inversiones bajan como avalancha. Vemos un trabajo entorpecido por el día a día y tratamos con un consumidor atento a cualquier cosa. ¡Nos quieren comer vivos!
Puede que esté románticamente cegado por el positivismo, pero creo que es un buen momento para crecer.

He leído columnas que destacan el potencial que podríamos desarrollar durante esta pandemia. Y me sigo convenciendo de que estamos en una linda, pero surrealista oportunidad de convertirnos en mejores profesionales de lo que fuimos ayer.

“Lo esencial de toda exploración, será volver al propio jardín y ver las cosas por primera vez nos regala el poeta T.S. Eliot, y cuánta razón tiene.

La vida nos regaló” la oportunidad de volver a nuestro hogar. Quiere que hagamos retrospectiva emocional, profesional, humana. Que reflexionemos y filosofemos sobre nosotros y la creación de una nueva ciudadanía.
Tenemos en bandeja la oportunidad de enriquecer el conocimiento, sin ningún tipo de apuro. Podemos salirpor un tiempo de la rutina que quizás nos encadenó.

Hagamos un ejercicio. ¿Cuántas horas de vida junto a la familia ganamos? ¿Cuántos libros estamos leyendo? ¿Cuántas películas, series y documentales vimos durante estas tardes? ¿Cuánta nueva música descubrimos? ¿A cuántos programas radiales desde hoy, le regalaremos una hora diaria? ¿De cuántas charlas on line participamos la semana pasada?
Si no has hecho nada de esto, no hay problema. No sería capaz de cuestionar las decisiones sobre el uso que le dan a su tiempo personal.
Pero si perteneces a la industria de la creatividad persuasiva, te invito a hacerlo, a tu ritmo, ¡ojo! No es una carrera.

Hay mucho contenido externo al marketing, diseño, periodismo y la publicidad que se podría tomar nuestras impacientes mentes. El tema es claro, la oportunidad está ahí, bailando frente a nosotros. ¿Pero queremos una mejor versión nuestra cuando regresemos de todo esto?


Quiero pensar que sí y que día a día nos llenamos de nuevas cosas.
Pienso que durante todo este tiempo estamos aprendiendo a valorar la magia de la sencillez que tenemos en nuestras manos, en nuestro balcón, en el sofá, en el jugueteo diario con nuestra mascota. En la siesta con nuestro gran amor, en ese almuerzo que preparamos, en esa improvisación para no caer en el aburrimiento.

Juguemos, es un lindo momento para hacerlo. Pero hagamos un trato, diseñemos juntos una nueva actitud social.

¿Cuál será la gran lección de todo esto?

Para mí, estamos en un punto virgen. Uno donde podemos ver cómo es la vida sin nosotros en la rutina. Uno donde la vida en general, nos invita a renacer utilizando y disfrutando de recursos reducidos. Para mí, una lectura distinta al día, ya suma conocimiento que quizás mañana usaré en algo.

Cuando volvamos a nuestra vida regular y nos quedemos horas extras sin un pago de por medio, significa que no aprendimos nada. A menos que nuestro cegado amor por el trabajo, nos respalde.

Cuando volvamos a nuestra vida regular, si no respetamos la belleza de pensar, del silencio, de reflexionar, del canto de las aves que hoy se escuchan claramente en la ciudad y de crear publicidad pensando en la gente, y no en el producto, ¡no aprendimos nada!

Vivamos de manera diferente. No nos sacrificaremos más en función de que el sistema no decaiga, trabajemos para ser felices, no para hacer felices.

Al menos eso me gustaría. ¿Y a ustedes?

 

AUTOR

Nico Landauro Constanzo

Publicista – Columnista.
Twitter e Instagram: @xvnelc

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