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Dos alemanas

Netflix estrenó este año la serie alemana Biohackers, la historia de Mia (Luna Wedler) una joven que decide estudiar medicina en la universidad de Friburgo, Mia es inteligente,al parecer ambiciosa y conocedora de sus materias, demasiado centrada sobre todo en la clase de genética, desde la primera clase intenta ganar la atención de la maestra, una renombrada genetista y empresaria; La doctora Tania Lorenz (Jessica Schwarz), y para ello ante la indiferencia inicial de la profesora Mia decide seducir a su asistente el joven estudiante Jasper (Andrew Julius Tillmann),para llegar a la doctora. Jasper, cómo descubre Mia, además de trabajar como asistente de la profesora en la universidad, lleva a cabo una serie de estudios de ingeniería genética en los laboratorios de Lorenz, lo que le permite además dedicarse a los proyectos propios con los recursos de los laboratorios de Lorenz.

Mia comparte un apartamento con otros tres estudiantes; dos de ellos excéntricos jóvenes estudiantes de medicina. Uno frívolo, Ole (Sebastian Jakob Doppelbauer), preocupado por convertirse en influencer y tener millones de seguidores, por lo que hace cosas estúpidas y exageradas relacionadas con sus conocimientos médicos. La otra una nerd Chen Lu (Jing Xiang) obsesionada con crear sabores y colores en organismos vivos. La tercera roomie de Mia es una heredera de la aristocracia alemana dedica al reventón; Lotta (Caro Cult). Por su parte Jasper tiene un fiel amigo Niklas (Thomas Prenn) que se siente atraído por Mia y ella por él, a pesar de su relación con Jasper. Niklas, sin embargo, está seguro que, Mia oculta un secreto y trata de desenmascararla y descubrir su interés desmedido por el trabajo de Lenz y demostrar que usa a Jasper como un medio para llegar a su objetivo. Claro que independientemente de la obsesión por la joven, Niklas tiene razón. Mía tiene un pasado oscuro y otro nombre, Emma Engels, por eso Lenz no la relaciona con el pasado. Mia tuvo un hermano gemelo que murió durante su infancia de manera misteriosa con la participación de Lenz, además Lenz fue la responsable directa de la muerte de los padres de Mia. Lenz tiene la agenda de crear seres humanos con resistencia a ciertos tóxicos. Mia quiere conseguir los datos y archivos necesarios para poder desenmascarar a esta ambiciosa y poca ética científica y para lograrlo ha contactado a un periodista dispuesto a publicar lo que Mia encuentre. La serie tiene un buen ritmo y no se pierde en historia alternas que no le importan a nadie, todo pasa lógicamente por una razón, lo que sucede al final es una vuelta de tuerca no del todo sorpresiva pero lo suficientemente fuerte para crear el cliffhanger necesario para la segunda temporada la cual ya fue confirmada por Netflix.

Por otro lado, en noviembre del año pasado Netflix estrenó la serie Somos la Ola, una historia de preparatorianos que descubren su malestar con el mundo en el que viven dominado por marcas, corporativos, corrupción y sus mayores. Mientras la clásica historia norteamericana haría que esta inconformidad fuera canalizada a través del baile, el canto o alguna otra tontería como racismo inverso. Los productores alemanes de la serie llevan a los jóvenes encabezados por Lea Herst (Louise Befort) una joven millonaria, que juega tenis, con el novio perfecto a descubrir su capacidad para retar al sistema y crear las estrategias que lo hagan de manera exitosa. La llegada de Tristan (Ludwig Simon) a la escuela cambia de manera radical al forma en que Lea concibe la vida de lujos y la arroja al activismo político, llevándola a realizar actos de resistencia civil, primero violentos e irrasionales, después pensados y con una finalidad clara.

Tristan es un joven contestario, inadaptado que inmediatamente atrae a Lea de manera intelectual y sexual. Tristan es de alguna manera lo opuesto a Lea aunque ella termine descubriendo que son lo mismo. Tristan toma rápido el papel de defensor de los indefensos y segregados del salón; un musulmán; Rahim Hadad (Mohamed Issa) acosado por los neonazis. Zazie (Michelle Barthel), una joven introvertida buleada por la clásica chica popular del salón y Hagen (Daniel Friedl) hijo de unos granjeros que perdieron todo por la contaminación de una fábrica papelera, quien además de ser menospreciado por este hecho, lo es por ser gordo. En este grupo de desadaptados y discriminados Tristan siembra la idea de la revolución, pero como en el caso de Mia en Biohackers, Tristan hijo de un diplomático y de una activista tiene un pasado oscuro y una agenda que cumplir para vengar a sus muertos. Tristan es un inconforme y rebelde que al iniciar la serie vive en un reclusorio para jóvenes criminales, del cual se le permite salir durante el día para acudir a la escuela.

La ingenuidad inicial de Lea, así como el repentino descubrimiento y conciencia de su empoderamiento la llevan a cometer a cometer errores que la pondrán sobre al borde de la cárcel primero, y después de la muerte. En la historia, a diferencia de Biohackers, las acciones de Tristan tienen consecuencias directas sobre la vida y la forma de pensar de sus amigos. Al final estas van más allá de la venganza personal para convertirse en la toma de conciencia de Lea, Hagen, Rahim, Zazie y otros que los rodean de lo que es el mundo y cada uno de ellos tomara decisiones personales que los marcaran para enfrentarlo el resto de sus vidas. La explotación que producen los sistemas de producción, la necesidad de los políticos por dividir a la gente y llenarla de odio entre diferentes sectores de la población, la policía que ejerce la fuerza, no en busca de actos de justicia y mucho menos por crear un orden armónico en la sociedad, si no como los simples gorilas que blandiendo una placa resguardan a la oligarquía violentando a los inconformes de la sociedad civil.

Biohackers, es un thriller científico, bien construido, entretenido, que por extensión nos obliga a pensar en la posible existencia de científicos patrocinados por gobiernos o empresas privadas para desarrollar seres humanos con capacidades realmente diferentes y diferenciadores que como siempre se deja ver en este tipo de narrativas son una macabra posibilidad irresponsable y azarosa de provocar que la especie humana evolucione o mute de una manera poco natural y darwiniana, como sucede ya en el mundo real con los cultivos transgénicos, sin cuestionarnos en  este momento si se trata de una evolución correcta o una manipulación maquiavélica. Somos la Ola es una serie subversiva y underground de gran fuerza con personajes que crecen a lo largo de la serie para bien o para mal. Lea a Zazie, del nacimiento del líder a la realización de una vida condenada a ser un cordero de la sociedad. La transformación de quien descubre el mundo y no lo acepta, que pasa del confort, a la ira a la acción.

Ambas series tratan de jóvenes buscando respuestas y actuando desde la inconformidad y la tan cacareada idea de que los jóvenes quieren cambiar al mundo. Y que muchos idealizan a partir de los movimientos de la década de los sesenta cuando muchos jóvenes alrededor del mundo occidental demostraron tanto en las llamadas democracias y como en los gobiernos totalitarios. Lejos del conformismo y verdades de Pero grullo, aunque construidas con esquemas clásicos del melodrama que tanto nos gusta y sin ser Dark o El perfume ambas series bien valen la pena.

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